Desde la publicación de la Norma Oficial 240 en 2012, un gran porcentaje de clínicas y hospitales en México no han prestado la suficiente atención o interés en reportar los incidentes adversos acontecidos en sus instalaciones a causa de un desconocimiento del objetivo final de esta estrategia.

 

Esto impacta de manera negativa a nuestro sistema de salud, pues en esencia, nos hemos dedicado a “apagar fuegos” y no a prevenir que estos vuelvan a suceder.

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La Tecnovigilancia busca recopilar información acerca de los incidentes adversos con el fin de determinar sus causas-raíz y generar acciones para prevenir que estos vuelvan a suceder.

 

Según la “NORMA Oficial Mexicana NOM-240-SSA1-2012, Instalación y Operación de la Tecnovigilancia”, cada institución de salud deberá de contar con un responsable de tecnovigilancia para la notificación inicial de los incidentes adversos al Centro Nacional de Farmacovigilancia (CNFV), quienes a su vez son los responsables de llevar las políticas, programas y procedimientos en materia de tecnovigilancia en el territorio nacional, que expide la Secretaría de Salud.

 

Los sistemas para el reporte de incidentes adversos miden los daños causados por dispositivos para cerciorar que la proporción del riesgo-beneficio sea lo suficientemente alta para justificar el uso continuo de estos, así como también para identificar problemas solucionables y prevenibles en la atención a la salud.

Ir al recurso "Registries for Evaluating Patient Outcomes: A User's Guide [Internet]. 3rd edition."

 

Entre los objetivos de la tecnovigilancia podemos destacar prevenir que dispositivos médicos inseguros operen en nuestras instituciones de salud y que usos inadecuados de estos sean empleados.

 

Si bien, pudiese interpretarse que la tecnovigilancia busca encontrar a “los culpables” de estos incidentes, lo que se busca (realmente) es que aquellas situaciones en las que la vida de un paciente se puso en riesgo nos ayuden a aprender para no cometer los mismos errores.

 

COVID-19 ha sido una situación sin precedentes que ha llevado a nuestro país a utilizar tecnologías experimentales o con poca actividad en campo para combatir el desabasto de dispositivos médicos. Si bien, la mayoría de estas tecnologías han sido validadas por medio de protocolos de emergencia, no dejan de ser un peligro para nuestra población y la única manera de refinarlas es a través de la recopilación y análisis de los incidentes adversos.

 

En esta nota, hacemos un llamado a nuestros colegas Ingenieros Clínicos y Profesionales de la Salud en General para impulsar las estrategias de tecnovigilancia en sus respectivas instituciones de salud, pues solo a través de la medición podemos aprender de nuestras experiencias para mejorar nuestro sistema de salud.

 

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